Los Títulos De Dios No Se Restringen A Un Lenguaje
AUGUSTO CESAR
Los Títulos De Dios No Se Restringen A Un Lenguaje
Pregunta:
No es un hecho que los traductores de la Biblia cambiaron los nombres Hebreos originales del Creador (Elohim, Jehová, El, Elahh, Elowahh, Bethel y Tsur) a los nombres de Baal ( Dios, Señor, etc.)? Y si los nombres del Creador realmente son Elohim, Jehová, etc., y si Dios, Señor, etc., son los nombres de los dioses paganos, ¿porqué, entonces, lo llamamos por estos últimos?
Respuesta:
Con el interés de un entendimiento correcto y consecuente en referencia a las palabras bajo discusión, llamamos la atención del lector al evidente hecho que las varias palabras Hebreas mencionadas por el inquiridor en cuanto a “los nombres originales del Creador,” siendo todos indicativos de algún aspecto o atributo de naturaleza o carácter Divino, por lo tanto no son nombres, sino títulos, del Creador. Solamente el nombre Jehová parece ser su Nombre Propio; por lo tanto aquí lo trataremos separadamente de los títulos.
Para encontrar la verdad de esta doble pregunta importante, regresamos, no meramente al comienzo de la nación Hebrea, sino al mismísimo comienzo de todas las naciones, es decir, a
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La Raíz del Asunto.
Encontramos que cuando Dios creó la humanidad, y originó el culto religioso, él declaró sus títulos a sus seres creados, en el lenguaje del Edén. Más tarde, cuando entró el pecado, y la gente se multiplicó e incrementó la maldad, y como continuó aun después del diluvio, la ira de Dios contra ellos por construir la Torre de Babel, hizo que él confundiera “el lenguaje de toda la tierra,” y que de ahí creara los lenguajes de las naciones. En ese tiempo, los títulos originales de Dios fueron dados al pueblo en sus respectivas lenguas; porque los títulos de Dios, en una lengua extranjera para el entendimiento de las naciones, no hubiera tenido significado para ellos.
Como sus pecados hicieron una separación aun más grande del abismo entre Dios y el pueblo, ellos, en protesta, para satisfacer el deseo de sus corazones de un Dios visible, hicieron para sí
Ídolos, Llamados Con Los Títulos Divinos.
En lugar de dar nombres a los ídolos originados específicamente para ellos, los hacedores los honraron con los títulos Divinos para hacer parecer que los ídolos eran los símbolos de Dios, una fabricación que sostenida conclusivamente por semejantes evidencias manifiestas como que la palabra, Elah, un titulo Hebreo de la Deidad, es usada por los Turcos para el nombre de su dios; que la palabra Tsur, otro titulo Hebreo de la
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Deidad, es usado por el pueblo Russo-Slavic como el titulo de sus reyes; y que “Elohim es usado en muchos casos de los dioses de los paganos, quienes incluían en el mismo titulo al Dios de los Hebreos, y generalmente denotaba la Deidad cuando se habla de (sic) un ser super natural.”-- Diccionario de la Biblia, Smith, definición “Jehová.”
De estas evidencias, vemos claramente que los nombres de los ídolos, de hecho, no son los nombres de los ídolos mismos, sino los títulos de Dios. Por lo tanto, ¡restringir el dirigirnos a él en un lenguaje--el Hebreo--solamente porque sus títulos en otras lenguas una vez fueron usados en honor de los ídolos, forza la conclusión que los ídolos-dioses de los paganos han derrotado a Dios el Creador robandolo de sus títulos! ¡Qué terrible pensamiento!
De aquí que, si debemos atribuir mas santidad a las letras que expresan Deidad en cualquier lenguaje mas que en otro, debería ser
Únicamente En El Lenguaje Del Edén, o En Todos Igualmente.
Si desde el principio hasta hoy “toda la tierra fuera de una lengua” (Gen. 11:1), y si nunca hubiera amanecido el día cuando “confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra” (Gen.11:9), entonces solamente los adoradores de Dios podrían dirigirse a él en el lenguaje del Edén. Pero en vista del hecho que desde esa hora hasta esta, la diversidad y confusión de lenguas han
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sido la suerte lingüística de la raza humana, el Señor nunca ha restringido su palabra a un medio universal de expresión, pero por el contrario lo ha acomodado para todas “las gentes y multitudes y naciones y lenguas” de la tierra, explicando así la razón de
Los Diferentes Títulos De La Deidad.
Los Judíos llamaban al esperado Cristo, Mesías, pero nosotros que hablamos Inglés lo llamamos el Ungido, porque en nuestro lenguaje eso es lo que la palabra, Mesías, significa. El título, Ungido, no tiene sentido para un Hebreo, como el titulo, Mesías, para un inglés, al menos que el inglés y el judío hablen ambos Inglés y Hebreo, o al menos que las palabras sean interpretadas para ellos en sus respectivas lenguas. Igualmente es el caso con las palabras, Elohim y Dios--equivalente en sus respectivas lenguas. La multitud de gente común que habla Inglés solamente, no puede dirigirse al Creador inteligentemente por una palabra extraña al idioma Inglés. Por ejemplo, cuando se habla de Aquel que creó todas las cosas, necesariamente lo debemos llamar por la palabra Inglés, Creador, en lugar de la palabra Slavic, Sutvaritel, o por la palabra Griega, Plasten. Así, como es correcto en Inglés decir Creador o Padre, cuando nos dirigimos a Aquel que creó todas las cosas, entonces para ser consecuente, también debe ser correcto en Inglés llamarlo Dios, en lugar de llamarlo por el titulo Judío, Elohim.
Para el Judío las palabras, Elohim Elowahh,
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Elahh y El significan Poderoso, Creador, lo mismo que la palabra, Dios, en aceptación común, significa para el Anglo-Sajón; la palabra, Otheos, para el Griego; la palabra, Bog, para el Slav; Gott, para el Alemán; Gud, para el Escandinavo; Dios, para el Español; y Allah, para el Turco.
Por lo tanto, las palabras, Elohim y sus variantes, God, Theos, Bog, Gott, Gud, Dios, Allah, Señor, y así sucesivamente, son, más o menos, equivalentes en sus lenguajes respectivos, el significado general de todas ellas es, en un amplio sentido, lo mismo que el nombre inglés, señor, el cual es un titulo de respeto dado a un esposo, a un noble, a un dueño, a un amo, o a cierto personaje oficial.
Es de esta aceptación común de las palabras que los dos títulos Dios y Señor se aplican a la Deidad, y no más que desde un punto de nombre propio que con la palabra, Padre.
Esto está aptamente ilustrado por la primera pagina “corte” de Augusto Cesar. Este gran gobernador Romano tenía como uno de sus exaltados títulos, el termino “Máximo Pontífice,” porque él era adorado, en el sistema Pagano, como su Dios visible en la tierra. Más tarde este titulo lo asumió el Papa de Roma. Así hicieron los adoradores de Baal con los títulos de Dios.
Por otra parte, la estatua de Augusto no es Augusto mismo. Solamente es un ídolo de él, adorado por los hombres después que no pudieron mirar más su presencia viva.
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Así esta posibilidad de realeza exclusiva, y aun de títulos sagrados siendo usados por personas envidiosas o aplicados a imágenes, es una práctica que desafortunadamente siempre ha existido, y no hay nada que se pueda hacer mientras los hombres continúen violando el mandamiento que dice :
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás a ellas, ni las adorarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte celoso.” Exo.20:4.
Todos los términos genéricos, en los varios lenguajes, son especificativos de lo que Dios es, en lugar de quien es él; en otras palabras, estos términos son los títulos de su naturaleza y carácter, en lugar que de su identidad. Por lo tanto, si no fueran traducidos a los lenguajes de las naciones, no tendrían significado para la gente.
De las evidencias combinadas aquí de las Escrituras, la historia, la filología y la lógica, vemos claramente que las palabras, Dios, Señor, etc., no fueron originalmente, ni exclusivamente, los nombres de Baal, o de algún otro ídolo, por consiguiente no hay
Nada Incorrecto Con Los Títulos De Dios En Cualquier Lenguaje.
Obviamente, entonces, aunque los paganos usaron el termino, dios, cuando se dirigían a sus ídolos, como algunos usan el título padre, para una
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persona que no es su padre, no obstante haciendolo, con eso realmente no hicieron a ningún ídolo Dios, más de lo que hicieron los títulos del verdadero Dios, los títulos de los ídolos, de hecho no más que los que abusan la palabra, padre, la profanan de tal manera que ahora necesitamos llamar a nuestro padre terrenal por algún otro título.
Y si todavía se protesta que estos diferentes títulos de la Deidad son profanos porque las naciones idolatras los usaron, entonces por la misma señal de lógica, también debe protestarse que sus equivalentes Judíos son aun más profanos, por causa de la mas vergonzosa y reprensible idolatría de los Judíos, quienes burlonamente pronunciaron estos títulos del verdadero Dios, mientras fueron en pos de dioses ajenos y mataron a los profetas de Dios, que ni aun perdonaron a su Hijo unigénito.
El mismo hecho que cuando los paganos aceptaron el Cristianismo, el Espíritu de verdad “elevó al sentido Cristiano” estos abusados títulos de la Deidad, demostró así que Dios no creó nada en vano, y que no hay otros dioses delante de él. Por lo tanto ahora estos títulos, en lugar de ser anatema para nosotros, deberíamos tener un mejor entendimiento que antes, así como lo tuvo el Hijo Prodigo después que regresó a la casa de su padre.
El apóstol reconocía esto, y por lo tanto no presentó objeción cuando los discípulos en Antioquía fueron llamados por el nombre del Señor en su lengua nativa, Cristianos (Hech. 11:26).
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Además, el hecho que el apóstol Pablo bajo inspiración proclamó a Dios entre los Gentiles, no en los términos (Jehová, Elohim, etc.) de su inteligencia y fe informada, sino en los términos (El Dios No Conocido) de su ignorancia y su fe no informada, muestra que Dios aceptó otras formas de dirigirse a él que los nombres judíos.
En este punto, como en todos los otros puntos, nosotros estamos con los apóstoles y profetas. Y como los apóstoles fueron así hallados dignos de tener sus nombres escritos en los fundamentos de la Santa Ciudad (Apo. 21:14), de igual manera nosotros seremos encontrados dignos de entrar por las puertas de perlas (Apo. 21:21), si también nosotros nos abstenemos de
Usar Irreverentemente El Nombre Propio Del Señor.
Si el nombre propio de Dios es Jehová, entonces ¿nos atreveremos nosotros, sus seres creados, a ser tan irrespetuosos como para dirigirnos a él por su Nombre Propio, en lugar de uno de sus títulos, Dios, Señor, Padre, Creador, Salvador, etc., cuando no pensaríamos dar rienda suelta a la menor irrespetuosa familiaridad de dirigirnos a nuestros padres terrenales por su nombre--Juan, Jorge, Bill, Dorotea, Ruth, María, etc.,--en lugar de su título paternal, Padre y Madre? Semejante ireverencia practicada por los paganos puede ser excusable por su ignorancia, pero practicada por los Cristianos instruidos,
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quienes deberían saber mejor, es inexcusable. Podemos usar con reverencia la palabra, Jehová, únicamente si un pagano nos preguntara, ¿Quién es tu Dios? Entonces podríamos con decoro solemne responder Jehová, el único Dios verdadero y viviente. No obstante cuando nos dirigimos a Dios, nunca podemos reverentemente usar su Nombre Propio.
Como los Judíos temerosos de Dios antiguamente “consideraban el Nombre Divino como demasiado sagrado para pronunciarlo,” así deberían de considerarlo los Cristianos instruidos de hoy.
Sin embargo, el más antiguo y sagrado nombre Hebreo de Dios no solo nunca fue comúnmente pronunciado, sino que aun fue así deletreado, en una forma abreviada, para que no pudiera ser pronunciado; tanto que la pronunciación original no se conoce. Todo lo que conocemos con seguridad es la
La Forma Consonante, Yhwh, Yvh, o Yhv.
Esta forma abreviada del nombre fue difícil para que los traductores deletrearan una palabra pronunciable. Por lo tanto, eligieron suplir las vocales que ellos pensaron que faltaban. El primer término silábico sobre el cual había acuerdo general fue Jah. Otros derivados fueron suplidos por diferentes traductores. Yahweh, Yahowah o Yahovah fueron formulados para adaptarse a ciertos lenguajes. La forma inglesa evolucionó como Jehová. Por lo tanto, cualesquier letras utilizadas que ponen para componer el inefable Nombre pueden realmente no ser la
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palabra Hebrea después de todo. (Vease el Diccionario Standard Funk y Wagnall, definición “Jehová”).
Si la teoría del nombre original hubiera resultado correcta, no hay
Nada Para Impedir El Cambio.
Como queremos, mas que cualquier otra cosa, estar correctos en todas las cosas, por lo tanto si fuera un pecado dirigirse a la Deidad en cualquier otro lenguaje que el Hebreo, inmediatamente y sin vacilar cambiaríamos nuestro modo verbal de dirigirnos a él.
Pero como está la situación ahora, no solo no podemos compartir cualquier entusiasmo respecto a la teoría del nombre original, y armonizar la verdad y considerar que nos llevará a creer que la verdad la asume, pero también estamos mas persuadidos que nunca antes de no dirigirnos al Señor por su nombre propio. De hecho, todo Cristiano vigilante que le sirve al Señor sinceramente, debe ver claramente que conformarse a semejante teoría, es hacer que los santos insulten a su Creador dirigiendose a él por su Nombre Propio en lugar de su titulo, y también sufrir los funestos resultados de volverse entusiastas por alguna teoría tan atractiva como virtualmente para excluir esas verdades vitales para su salvación. Por lo tanto
Admitamos:
Estos hechos invalidan para siempre el movimiento que ahora está en marcha para descartar del uso Cristiano, los títulos, Dios, Señor,
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Cristo, etc,; porque desistir de dirigirse a la Deidad por los títulos que él ha originado en los varios lenguajes, ¡significaría derrota para Dios, y victoria para los Ídolos! Semejantes movimientos descarriados deberían ser
Una Lección.
Todos los creyentes de la verdad presente deberían ver ahora la necesidad de evitar todo viento de doctrina sin importar cuan plausible o razonable pueda parecer ser. Recuerde las palabras: “Mira, los que salieron hacia la tierra del aquilón hicieron reposar mi Espíritu en la tierra del aquilón.” (Vease p. 27 del Tratado No. 2, La Gran Paradoja de las Edades,--Zac. 6:1-8). Hermano, Hermana obtenga su doctrina únicamente del deposito de oro (Vease La Vara del Pastor, Vol. 2), y no sea como las olas del mar, llevadas con el viento y sacudidas--no sea llevado de acá para allá por los muchos vientos de doctrina que están soplando frenéticamente de toda dirección para hacerle perder su camino al reino eterno.
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